Así fue la decoración de la boda de María y Guillermo 17-17

Hace ya unos cuantos meses, en diciembre de 2016, María y Guillermo se ponían en contacto conmigo para solicitar la decoración de su boda, querían que fuese algo especial, personalizada y que reflejase quienes son ellos, la celebración tendría lugar el 1 de julio de 2017, así que disponía de tiempo mas que suficiente para dar forma al evento y hacer que ese día fuera inolvidable para ellos.

Así que nos pusimos manos a la obra, planificamos y trabajamos durante meses, y  como quería que no faltase ningún detalle y contar con un atrezzo variado para todos los rincones, le propuse a IKEA participar en esta mágica boda y no dudaron en colaborar con textiles, detalles y piezas que elegí para personalizaron este enlace.

La celebración tuvo lugar en la Finca Venta La Rubía, un entorno precioso que ya prometía un resultado espectacular, campestre y natural que junto con la deco elegida todo se integraría y se convertiría en un escenario precioso, donde se distinguiesen diferentes zonas para estar y disfrutar, así como distintos corners que cada uno de ellos cumplían una función, desde dar la bienvenida a los invitados de una forma entrañable, a sorprenderlos con fotos y recuerdos pasados, buscar su mesa en un sitting plan castizo, coger una cerveza bien fresquita de unas carretillas con mensajes o encontrar una zona chill out donde las invitadas podrían cambiar sus tacones por preciosas alpargatas, disfrazarse y poner una nota de humor y color en un divertido photocall.

A la entrada a la finca, los invitados se encontraron con una zona de bienvenida de lo mas coqueta compuesta de un pallet, cestería, flores bonitas y una bicicleta vintage que creaban un escenario perfecto, tanto de piezas como de equilibrio cromático, ya que los colores protagonistas de la celebración fueron los verdes que estaban presentes en la naturaleza y de muy diferentes formas, los rosas y malvas, así como los blancos y nude que daban luz a una combinación romántica y delicada.

La cartelería de madera indicando las distintas zonas de la finca, resultó de lo mas práctica y se integraba perfectamente en la estética de la boda, acompañada, en esta ocasión, de un carro antiguo que nos transportaba a otra época y evocaba el campo y la tradición.

Uno de los corners mas emotivos y que mas sorprendió a los invitados, fue la mesa de recuerdos, donde colocamos imágenes de todos ellos junto a los novios, fotos que muchos ya ni recordaban y que al verlas a mas de uno le emocionó. En esta misma se coloco el libro de firmas, así como cajitas de madera que contenían crasas que mas tarde se repartirían por las mesas a modo de detalle. Las cestas de materiales naturales, la paniculatta, y los esbeltos faroles ponían el broche de oro a esta composición tan personal.

En cuanto al sitting plan, quería que fuese divertido, con historia y que hablase de ellos, así que puesto que los novios son madrileños y enamorados de Madrid, centramos la idea de distribución de mesas en calles o plazas típicas de la ciudad que para ellos representasen algo especial y que al mismo tiempo guardasen relación con los invitados sentados en cada mesa.

Las mesas fueron vestidas por manteles de lino, unas en color topo y otras en verde, tonalidades naturales que encajaban estratégicamente sobre el cesped y combinaban con el entorno que las rodeaba así como con los centros florales que daban color a la mesa, compuestos por paniculatta, statis, eucalipto o pequeñas macetas de delicadas flores que creaban un ambiente de lo más sencillo a la vez que atractivo.

En las sillas de los novios, colgamos unos bonitos carteles de madera con las palabras Mr y Mrs que indicaban la silla de cada uno de ellos, un detalle mas que encantó a los mismos novios, así como a los invitados.

Los bajoplatos de ratán  enmarcaban el lugar de cada comensal, aportando color a la mesa de forma natural, dando volumen a esta y haciendo de transición entre el mantel y la vajilla, dando un aire mas festivo y cuidado.

Una vez que acabó la cena, comenzó la fiesta y para ello nada mejor que las invitadas a la boda pudieran elegir quitarse los tacones y ponerse cómodas para bailar con unas bonitas alpargatas, así que las dispusimos en unas cajas de madera envejecida indicando las tallas y fue cuestión de minutos que las chicas se lanzaran a por ellas 🙂

Para el photocall, los invitados contaron con un rincón pensado para la ocasión, donde tenían detalles para disfrazarse y poner un toque de humor a la fiesta y a las fotografías.

Había diferentes zonas para estar y disfrutar,  y una de las que mas gustó según avanzaba la noche y la fiesta, fue este espacio chill out que con unos cojines y unas velas resultó de lo mas agradable para charlar con los amigos.

En los baños de chicas, se colgó una foto de la novia cuando era una niña, y en el de los chicos, del novio, un detalle que sorprendió a todos y trajo recuerdos tanto a familiares y amigos.

Y por supuesto, no podía faltar la candy bar, el momento dulce fue un éxito, donuts, cookies, palmeritas y chucherías colocados sobre delicados recipientes de cristal y una preciosa vajilla rosa fueron los protagonistas al llegar la madrugada y darse caprichos mientras todos bailaban y charlaban sin parar.

Hasta aquí todos los detalles de la boda de María y Guillermo, una celebración y una fiesta muy personales, donde los materiales naturales y las tonalidades rosas, verdes y empolvadas, fueron los encargados de reflejar un estilo bucólico y romántico donde las imágenes hablan por si solas.

Espero que os haya gustado el resultado y hayáis disfrutado de cada detalle de esta boda, que sin duda decoré con todo mi cariño y ver a los novios tan felices fue la mayor de las recompensas.

Feliz día.

Fotos: Silvia Buján (Reportaje completo) y Mónica Prat (Candy bar).

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Sonia Escribano

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